Nuevo Congreso Bicameral dificultará la vacancia presidencial desde 2026
- 27 nov 2025
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La restitución del bicameralismo eleva los requisitos para destituir por incapacidad moral, modificando el escenario político.
Escrito por Arturo Sobrino

A partir del 28 de julio de 2026, el Congreso peruano volverá a funcionar bajo un esquema bicameral. Este cambio estructural implica que, además de elegir a 130 diputados, los ciudadanos votarán por 60 senadores en las próximas elecciones generales.
Una de las principales consecuencias del nuevo modelo legislativo es que la vacancia presidencial será más difícil de aprobar. Esto se debe a que el proceso deberá contar con el respaldo de ambas cámaras, lo que introduce un filtro adicional frente a decisiones como las que destituyeron a Dina Boluarte, Pedro Castillo y Martín Vizcarra.
El analista político Luis Benavente explicó a La República que la existencia de dos instancias obliga a que cualquier pedido de vacancia sea evaluado con mayor rigurosidad. Ya no bastará una sola votación decisiva, sino que el Senado deberá confirmar lo que apruebe la Cámara de Diputados.
Según el reglamento de la Cámara de Diputados (R.L. 005-2025-2026-CR), la vacancia por incapacidad moral permanente exigirá una votación mínima de dos tercios del número legal de parlamentarios. Esto equivale a un consenso considerable dentro de la cámara baja.

En el caso del Senado, el reglamento R.L. 006-2025-2026-CR establece un requisito equivalente: para aprobar la destitución presidencial también se necesitan dos tercios de sus integrantes. Esto significa un mínimo de 40 votos, lo que complica aún más un proceso de esta naturaleza.
Otro cambio relevante dentro del nuevo Congreso Bicameral es la restricción en la creación de nuevas bancadas. No se permitirá formar grupos parlamentarios distintos a los partidos o alianzas que lograron representación electoral. El objetivo es evitar la proliferación de bloques que fragmenten la toma de decisiones.
Los diputados que renuncien a su grupo podrán incorporarse solo una vez a otra bancada durante su periodo parlamentario. Sin embargo, quienes realicen este cambio no podrán integrar la Mesa Directiva ni dirigir comisiones hasta el siguiente periodo anual de sesiones.
El panorama político, según Benavente, se mantiene altamente fragmentado. Las últimas encuestas revelan un escenario sin liderazgos dominantes. Pese a que Rafael López Aliaga aparece con 12% de intención de voto, existe un 55% de electores que aún no define su preferencia, lo que hace impredecible la composición final del Congreso.
El analista considera que entre ocho y diez partidos podrían superar la valla electoral. Ninguno alcanzaría mayoría absoluta, situación similar a la actual, pero ahora con la responsabilidad de operar dentro de un sistema bicameral que demanda acuerdos más amplios.
En cuanto a las funciones, la Cámara de Diputados tendrá a su cargo la aprobación inicial de proyectos de ley, así como la facultad de interpelar y censurar ministros y decidir sobre la confianza solicitada por el Ejecutivo.
El Senado asumirá tareas de revisión, modificación o rechazo de las leyes aprobadas por los diputados. También elegirá a autoridades clave como el defensor del pueblo, el contralor general y los magistrados del Tribunal Constitucional, lo que refuerza su rol en el equilibrio de poderes.
Para Benavente, el retorno al modelo bicameral ofrece ventajas significativas. Sostiene que la doble revisión legislativa permitirá un mayor control y una representación más equilibrada entre regiones y nación, aunque reconoce que los plazos podrían alargarse. Aun así, considera que esa demora puede evitar decisiones apresuradas o influenciadas por intereses particulares, algo difícil de contener en un Congreso unicameral.




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